lunes, 18 de octubre de 2021

Las quesadillas de la tía

Durante años viví en el lejano oriente, nací en la Agrícola Oriental, perteneciente a la ahora alcaldía Iztacalco, pero al cruzar una calle ya me encontraba en Iztapalapa y al caminar unos cuantos pasos nace Cd. Neza, mi casa estaba a unos pasos donde actualmente está el metro Canal de San Juan. Muy cerca de la Calzada Zaragoza estaba mi secundaria, la Técnica 83, era de los tamarindos o cucarachos con mi suéter café, iba en la mañana y al salir corría a la casa, me servía algo de comer porque mi mamá solo nos preparaba un guisado y cada quien se despachaba.


  • Hijo, ya es tarde, van a dar las cuatro, ve por la masa o te cierran, también me traes chicharrón, pero ya sabes de cual, ¡no vayas a traer de otro!  Ah, y cebollas y dos pesos de epazote, pero apúrate que hoy es viernes y no quiero salir tarde

  • Voy ma


En mi adolescencia la pasé muy bien, los fines de semana y en las vacaciones me las pasaba con los cuates jugando fut o basquetbol, fui afortunado, pues me tocó la época de Maradona y sobre todo la de Michael Jordan, los Toros de Chicago y el verdadero Dream Team, en esos tiempos aún se jugaba en las calles con las porterías marcadas con pedazos de tabique, pero también teníamos el pequeño deportivo de la colonia donde nos juntábamos toda la bola de chavos echando relajo.


  • ¿Qué transa perro, vas a las canchas al rato? Va a ir el cheque y el pipo, para armar la reta con los de la 20

  • No puedo, le voy a ayudar a mi mamá con las quesadillas

  • Va, pues entonces el fin

  • ¡Va, cámara! Nos vemos el sábado, pero temprano ¿eh?


Desde pequeño mis padres me enviciaron con la comida callejera, si iba con mi madre me decía: vamos por unos tacos, pero no le vayas a decir a tu papá; con mi papá, igual: vamos por una pancita a San Juan, pero no le digas a tu mamá. Me quedé acostumbrado y en cada viaje al mercado era obligatoria una escala.


  • ¿De qué te doy güero?

  • Dos de tripa doradita y dos de suadero por favor  

  • ¿Tepache?

  • Sí, del de a litro

  • Pero eso sí, aunque tarde siempre cumplía con mis deberes, vivíamos de la venta nocturna de quesadillas, tostadas y sopes; modestia aparte, nos quedaban muy ricas y vendíamos mucho, fue esa época en que mi papá se quedó sin trabajo y toda la familia aportaba en el negocio


  •  ¿Lo de siempre moreno?

  • Sí, 5 de masa y uno de tortillas

  • Hoy casi no alcanzas, vente más temprano

  • Mañana le caigo antes de las cuatro


  • Buena tarde doña Lucha, un kilo de cebolla y dos pesos de epazote

  • ¿Hoy no vino tu mamá?

  • No, ya sabe que entre semana yo vengo ¿Dónde anda el Pedro? 

  • Que es que haciendo tarea el cabrón

  • Ahí me lo saluda 

  • Aquí tienes, uno de cebolla y dos de epazote, 9 pesos

  • No traigo cambio

  • Mañana me pasas

  • Sí, se lo paso, gracias


Para ir al mercado de San Juan, ubicado en Iztapalapa, pegadito a Neza, tenía que cruzar la Zaragoza y el Periférico, Calle 7, el puro barrio, creo que es el único mercado que nunca cierra su tránsito porque los locales son parte de las calles y están incrustados en la colonia, a esa edad y en esa época no tomaba precauciones, me metía por cualquier callejón sin medir el peligro, varias veces me corretearon, me quisieron robar la bicicleta y hasta en una ocasión unas cajas de duvalines y mazapanes.


  • A ver carnalito, ven para acá ¿qué traes en la bolsa?

  • Masa y verdura, ¿por qué?

  • No te hagas pendejo, saca la feria

  • No traigo nada güey, ya me lo gasté

  • ¡Vale madre! ¿De dónde eres?

  • De acá, de la Agrícola, de la 10

  • ¿No quieres vender mota?

  • No, no le hago a eso y los que conozco no fuman

  • ¡Pinche puto! Ya, llégale 


  • ¿Qué crees ma? En el mercado se me acercó un chavo que quería que vendiera droga

  • ¡Ay hijo! ¿Y el chicharrón?

  • ¡Chin, se me olvidó!

  • ¡Pues regresate, rápido! Ya es tarde y aún te falta lavar el comal y preparar la salsa

  • Me lanzo de volada


De verdad disfrutaba transitar las calles de la colonia e ir a San Juan, me gustaba escuchar la música de los puestos callejeros y de los compas con sus enormes grabadoras, en esos años se escuchaba la música grabada en cassettes, se oían “Ice Ice Baby” de Vanilla Ice,“Can't touch this” de MC Hammer y “Pump Up The Jam” de  Technotronic, mis favoritas.


  • Dame un kilo de chicharrón prensado por favor 

  • ¿De cuál, para negocio o para la casa?

  • Del bueno, de este que tienes arriba, de ese del piso no me late

  • ¡No mames! Es del el que más vendo

  • A mi dame del caro


  • Ya llegué ma, sí conseguí el chicharrón del chido

  • Muévete, ya es muy tarde y hoy es quincena, no quiero salir tarde 


Durante siete años salimos a vender en un puesto que montaba mi papá en la esquina de la 259 y la primera cerrada, vendíamos todos los días de nueve de la noche a la una de la mañana, como eran quesadillas fritas, tipo empanada, me correspondía freírlas en el aceite y cobrar, mi mamá las preparaba, siempre en friega pues se nos acumulaba la gente.  


  • ¡Hola tía! Deme dos de queso para llevar y una tostada de pata para comer aquí.

  • Buena noche, tres de chicharrón prensado con queso y una coca sin azúcar porque estoy a dieta.

  • Le encargo diez de pollo con queso, la salsa aparte y ahorita regreso, dejé a mi hija solita y luego se escapa



Sergio Núñez. Librero de viejo.


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