De espaldas el paisaje
Y con los ojos fijos en el mar
Oculto mi pena.
Esta es la despedida.
Silvia Tomasa Rivera
Cincuenta y cinco años juntos, recuerdo lo atento que eras, cuando me mudé del pueblo para la ciudad me seguiste, me visitabas cada semana sin importar la distancia, me llenabas de palabras dulces y regalos, me hacías reír con tus ocurrencias, yo era muy chica, solo quince años, me enamoraste, fuiste mi primer y único novio, para mí eras perfecto, el hombre con el que deseaba pasar el resto de mi vida, por eso decidí regresar y estar a tu lado, cegada por el velo del amor solo te veía y te escuchaba a ti, era inocente, sin más educación que la primaria y no necesitaba nada si estaría compartiendo todo contigo. Nos casamos, me llevaste a una pequeña casa, linda como lo prometiste con un jardín muy grande donde pudimos cultivar muchos árboles frutales, todo era ideal, un sueño, gracias por ello.
Luego todo cambió. Después de nuestro primer hijo te perdiste en la enfermedad del alcoholismo y fuiste desobligado, quise entender y apoyarte, nunca lo permitiste, iba por ti hasta el atrio de la iglesia, te levantaba sumamente ebrio, orinado y maloliente, no respetabas ni los lugares santos, no te veía por días o semanas y cuando llegabas a casa era solo para utilizarme como el recipiente de tus frustraciones y arrebatos, te di ocho hijos que servían para presumir tu hombría, tu machismo. Debí buscar formas de cuidarlos y mantenerlos, nunca me apoyaste, me humillabas en los eventos donde iba de cocinera para sacar algo de comer para los niños, me gritabas y golpeabas argumentando que era una puta. Doce años ininterrumpidos de embarazo, no me respetabas ni siquiera la cuarentena, fue un error mío soportarlo, pensaba que la vida era así, la mujer sometida al contentillo del esposo, que equivocada estaba. Con mis hijos nunca estuviste presente, fallaste siempre, su educación no la creías importante, pensabas que las mujeres se casarían y serían mantenidas por sus maridos, los varones tenían que entender lo complicado que es la existencia, debieron aprender solos, cantando en camiones, vendiendo lo que podían en tianguis, trabajando desde chicos, fue difícil para mi sola instruirlos, eran muchos y tú extraviado en tu vicio no los viste crecer, no disfrutaste de sus logros, de sus alegrías, te lo perdiste. Ya que nunca reparaste en ellos te platico que el mayor perdió un pie, estaba borracho y fue atropellado; dos de ellos han muerto, en parte es tu culpa, fallecieron a sus cuarenta por diabetes no atendida, ellos siguieron tu ejemplo, siempre alcoholizados; el menor de los hombres se fue de indocumentado y está en California, no deseaba estar contigo, jamás regresará, es como si también me lo hubieras arrebatado.
Seguimos viviendo en la misma casa en la que iniciamos nuestro matrimonio, sin ningún cambio, nunca te preocupaste por hacer arreglos, es la misma puerta, los mismos cables de luz mal puestos que se instalaron hace más de medio siglo. Tus hijas están bien, todas ellas procreando desde adolescentes, ¡pinche pueblo de mierda, lleno de vicio y carente de educación! Sola no pude orientarlos como se debía. Además de nuestros hijos tenemos 19 nietos y 15 bisnietos, los más chicos sólo te veían como un mueble más de la casa, no fue ni siquiera para saber sus nombres, abstraído siempre en tu mundo te olvidaste de tu alrededor. Cuando me di cuenta del infierno en el que me tenías te aislaste en una habitación, jamás volví a hablarte, aunque seguí atenta a ciertas necesidades mínimas - ¿ya comió tu abuelo? preguntaba a tus nietos.
Ahora te veo aquí en el mismo cuarto que en tus últimos meses de enfermedad no quisiste abandonar, frío y distante, siempre fuiste así, estás muerto y nadie ha llorado tu partida, junto a tu féretro no siento casi nada, tal vez un poco de lástima, nadie ha venido a verte o a dar condolencias, excepto tus hermanos con los que nunca quisiste convivir más allá de los bautizos y las bodas, es momento de decirte adiós, en silencio, espero que a donde vayas seas mejor de que lo fuiste en este mundo. Hasta nunca.