Heme aquí de nuevo queridos Reyes Magos, después de más de tres décadas me hago presente, aquella remota vez que tuvimos comunicación fue cuando escribí mi última carta ¿recuerdan? Tenía 11 años y justo dos días antes de su llegada mis padres me dijeron que ustedes no vendrían, que ellos podrían complacerme con la añorada bicicleta, la mejor que he tenido, la misma que me querían quitar en las calles de Neza y por la que me corretearon como tres kilómetros, esa ocasión logré salvarla pero finalmente me la robaron por mi vicio de ir a las maquinitas, la dejé afuera de la tienda y al salir ya no estaba; pensaba que ustedes siendo magos, sabrían lo que me dolió esa pérdida y me traerían una nueva, no fue así, con todo y que me porté muy bien, no es reclamo, pero sí sentí feo. Después de eso sólo supe de ustedes por mis hermanos menores, pero ya no era lo mismo.
Agradezco que me hayan hecho sentir tantas alegrías, como cuando me trajeron la máscara de Voltron que mi papá decía que era muy cara y se molestó esa vez porque la dejé olvidada por muchas semanas y preferí entretenerme con los soldaditos de plástico que eran igualitos a los que vendían por montones en el Mercado de Sonora. Cuando jugaba con ellos en la azotea armando historias era sumamente feliz, los acompañaba en sus batallas bélicas con luchadores y animales de plástico, cochecitos de metal y camiones de madera. También recuerdo que siempre me traían tres juguetes, uno de cada uno de ustedes, pero lo siento, siempre me gustó más el regalo del negrito - ese te lo trajo Baltasar, decía mi mamá. Debo admitir que siempre los culpé con mis cuates por no traerme buenos trompos y yoyos, pero la verdad es que era pésimo, aunque hubiera recibido los mejores no habría podido hacer los trucos que hacían los más diestros de la escuela que en ese momento eran motivo de mi admiración - mira güey, así se hace el búmeran. Esperaba con ansias cada 6 de enero, en el transcurso del año no recibía ni un sólo juguete, hasta que ustedes llegaran, entonces debía pensar lo que les pediría unos días antes y escribir la carta para mandarla en globo cuando se podía o dejarla en el árbol de Navidad, nunca me trajeron lo que les pedí, mi mamá decía que les era muy difícil complacer a todos los niños del mundo, pero debía agradecer que me tomaran en cuenta, lo entendía. Lo que no comprendí jamás es como se metían a la casa, mi abuelita decía que se hacían muy chiquitos y pasaban por debajo de las puertas, dejaban los juguetes y se retiraban en fracciones de segundo - ¿Abue, cómo reparten a tanto niño en una sola noche? - Pues son magos - ¿Por qué a algunos les traen mejores juguetes que a otros? - Porque ellos se portan bien, obedece a tus papás y verás que te consienten.
Me vienen a la mente aquellos días en que salíamos a jugar a la calle sin tanto peligro y sin tanto coche, privilegiados porque vivíamos en una calle cerrada sin pavimentar y podíamos estar horas jugando bote pateado, escondidillas, cebollitas o fútbol hasta que escuchábamos el clásico - ¡Ya métete! Los días de Reyes era un alboroto total, desde las seis de la mañana decenas de niños mostrando sus juguetes, tropezando entre triciclos, patines, avalanchas y bicicletas, lidiando entre balones, pelotas y niñas sentadas en el piso jugando a la casita, ese día difícilmente había peleas, aunque uno que otro presumido que le habían traído el juguete más caro era visto con envidia, todos los niños se veían desvelados pero sonrientes.
Excepto por la bicicleta, que realmente nunca les pedí, estoy satisfecho con su buena labor, nunca me faltaron los juguetes en la fecha indicada, siempre los recibí con sorpresa, después de tanto tiempo me veo en la necesidad de hacer un nuevo pedido, se preguntarán si a mi edad deseo cosas difíciles de complacer como la Paz mundial, que no haya epidemias o que no se extingan las especies de arácnidos del Amazonas, no, esos asuntos se los dejo a Dios, a la Naturaleza, al Universo o a mi tía Chofi diría Jaime Sabines; lo que quiero que me traigan queridos Reyes Mayos son peticiones que en su momento no fueron concedidas y han causado un anhelo constante a través de los años, el primero es para mi hija la mayor, quiero un microhornito, cada año suspira al recordar que nunca se lo trajeron, recientemente leí que es el juguete que más frustraciones logró por que no lo concedieron, tal vez por la dificultad de traerlo desde el oriente; el segundo es una cajita Playmovil para mi esposa, puede ser de ciudad o de campo, no importa, ella se los pidió por años y nunca lo cumplieron, tal vez sea la ocasión idónea; por último, pido para mí un trompo profesional de plástico color verde punta de diamante, me quiero sacar esa espinita que tengo desde la infancia cuando salía con los cuates y no me salía ni un truco, me demostraré a mi mismo que puedo hacerlo y poder decirle a mis nietos - recuerdo cuando hacía el ratón loco con el trompo que me trajeron los Reyes.
Espero me concedan lo que he solicitado, me he portado muy bien este año, hasta entré a un taller de crónica para poder escribir esta carta con mayor fluidez y más confianza. Ojalá que a mis compañeros del curso también se les cumplan sus deseos. Sin más por el momento, su atento servidor, Sergio Núñez.
P.D. Si el trompo no es verde, puede ser rojo sin problema.
Sergio Núñez. Librero de viejo.
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